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Lo que se hace sobre muchos emprendedores a la vez, o lo que se configura una vez por red.

Links de autogestiónGenera el link de autogestión de cada emprendedor activo y los baja en un CSV (código, nombre, WhatsApp y link).
Acceso al portal para todosLe crea la cuenta del portal a cada emprendedor activo que todavía no la tiene. No toca a los que ya entraron.
Secciones del portal por redLe suma una sección del portal a toda una red de una vez, sin sacarle nada a quien ya tenía otras. Antes de aplicar muestra a cuántos les cambia.
Reemplazar QR de Mercado PagoReemplaza el QR de varios emprendedores desde un ZIP con un archivo por código (A56.jpg). Antes de subir muestra a quién le toca cada uno, con la imagen a la vista.
Distribuidoras por redDe qué distribuidora depende cada red: es lo que hace que, al cerrar un lote, se le genere la comisión del 10 % a quien acompaña a ese emprendedor.
Revisá antes de guardar

Confirmá que todo esté correcto. Una vez guardado, el código queda reservado de forma permanente.

LeadsPor oficina
ConversiónDel contacto a la venta

Todos los que giraron la ruleta del sitio y ganaron un premio. Son los mismos leads que entran por Leads (origen Ruleta): es la misma ficha, así que el estado y a qué emprendedor lo derivás se sincronizan en los dos lados. Quedan grises hasta que concretás; al concretar pasan a verde.

ResumenPremios y canjes
ListadoGanadores de la ruleta y la raspadita
Más

Presupuestos generados para clientes. Descargá el PDF de cada uno con el botón de la derecha. Ordenados del más nuevo al más viejo.

Las piezas que ya se restauraron y están en el estante para vender. Es la cuarta lista de precios y la única que además es un inventario: se vence cada vez que se vende una pieza, no cada tres meses.
Se carga un solo precio —el de una pieza en estado Buena— y los otros dos salen de ahí: Regular es el 80 % y Mala el 50 %.

LíneasLas líneas en las que se agrupan las piezas restauradas. La que nadie usa se borra; la usada se da de baja.
Inventario en planillaExportá el CSV con todas las piezas, editalo y volvé a importarlo.
Cómo se lee la bandeja
Elegí una conversación de la izquierda.

Todo email que entra a Leads se agrega acá automáticamente (regla desde julio 2026). También están las suscripciones históricas de Tiendanube.

Envíos por Andreani (ida y vuelta). Cada fila es una operación: ves el seguimiento de la ida y de la vuelta. Se llena al concretar restauraciones del interior (requiere la integración con Andreani).

Cuando el bot se equivoca y el cliente lo corrige, queda registrado acá: lo que dedujo, lo que era en realidad y la foto. La columna Qué separa dos cosas distintas: Pieza es lo que el bot mira en la foto —es lo que mide al clasificador— y Material no sale de la foto, lo pregunta con botones. Al lado dice por dónde entró: botón (el cliente tocó “No, es otra”) o charla (lo anotó el modelo conversando). El bot no aprende solo: estos casos son la materia prima para afinarlo (mejorar sus instrucciones con ejemplos reales). Marcá “Incorporada” cuando ya lo tuvimos en cuenta.

De qué campaña vino cada lead y cuántos llegaron a un presupuesto aceptado, que es la métrica que manda. Acá también entran solos los formularios de Meta y de Google: a cada uno se le elige qué quiere quien lo llena.

Clientes potenciales B2B para restauración / teflonado, relevados a mano (Google Places y relevamiento propio). No son leads del sitio: es la lista de prospección de Paso del Rey. Elegí una categoría y abrí un prospecto para editar cualquier dato (nombre, contacto, ubicación…), marcar el estado y anotar el seguimiento.

Por estadoToda la prospección B2B
Por categoríaCuántos prospectos hay en cada una
ListadoProspectos relevados

Qué papeles entregó cada emprendedor: ✓ entregado, ! falta, – no aplica. Tocá una fila para abrir la ficha.

Solo incompletos

Los cursos que ve el emprendedor en su portal. Un curso tiene lecciones (video, PDF o texto) y el material vive en app.plur.ar, nunca en YouTube: es material de la fábrica. Un curso marcado como plan de ingreso es de los que hay que terminar para empezar a operar, y ese requisito se le exige a cada persona por separado: los que ya venían trabajando siguen igual hasta que alguien les prenda el candado desde su ficha del padrón. Un curso publicado lo ven todos; en borrador no lo ve nadie.

Carátulas A4 para las cajas que viajan por expreso, en los dos sentidos: RETIRO (lo que el emprendedor manda a la fábrica) y ENTREGA (lo que le mandamos nosotros, con su N° de partida y los N° de factura del envío). Se arman solas con los datos del padrón (nombre, dirección o terminal, WhatsApp, DNI y expreso): lo único que cargás es la fecha de entrega, cuántas cajas y, si querés, el peso de cada una. Sale un PDF con una hoja por caja — 4 cajas, 4 carátulas numeradas 1 de 4 … 4 de 4. Todo queda en el historial, que se puede buscar por número de carátula, partida o factura.

El lote es la vuelta completa de la mercadería: nace cuando el emprendedor genera su carátula de retiro y se cierra cuando confirma que le llegó lo restaurado. Acá ves dónde está cada uno. La mitad de los cambios se hacen solos — la foto del comprobante lo marca enviado, y cerrar el despacho al expreso lo marca despachado. En Piezas atrás y rezagadas están las dos excepciones de ese recorrido: la pieza que volvió para atrás a rehacer un paso —el tablero la da por avanzada y no lo está— y la que no llegó a su partida y sale con la tanda siguiente.

Todos los lotes, agrupados por la partida en la que están. El lote es la vuelta completa de la mercadería de una persona: nace con su carátula de retiro y se cierra cuando confirma que le llegó lo restaurado. Arriba de todo van los que todavía no entraron a ninguna partida —las cajas ya llegaron a la fábrica y nadie las metió en un horno, que es el único punto del recorrido donde la mercadería se queda quieta sin que ningún estado lo grite—. Cada renglón dice de quién es, cuántas cajas y piezas trae, si ya se facturó y si tiene algo abierto (un reclamo, un imprevisto, una garantía o una pieza rezagada). Para mover una partida por sus etapas está Partidas; acá se sigue la mercadería.

La misma partida de la fábrica, abierta en cuánto de eso es tuyo. Cada distribuidora ve solo los lotes de sus redes, con las piezas que despachó y la comisión que generó, separadas por red —porque se liquidan por separado— y juntas en el total. Acá no se arma, no se avanza y no se cierra nada: eso vive en Producción, que es el tablero de quien hace.

Lo que el emprendedor retira de la casa de un cliente. Cada orden trae el cliente, las piezas y las tres fotos de cada una, y es lo que después se agrupa en un lote. Acá se ven todas, con el comprobante que se llevó el cliente.

Lo que aparece cuando la fábrica tiene la pieza en la mano y no coincide con lo que se cotizó en la casa del cliente: no se puede el color exterior, hay que rellenar un agujero o un bullón, no se salva el repuesto. Cuelga de la orden —nunca de la partida, que junta lotes de gente distinta y no diría a quién cobrarle—. La mayoría cambia el precio, y por eso la factura no se puede emitir hasta que la partida cierre; unos pocos solo avisan —el esmalte que no agarra por la humedad de la pieza, la pieza o la tapa que no vinieron— y en esos el importe ni se pregunta. Se anula con una razón escrita, no se edita: lo anulado se sigue viendo y deja de sumar plata.

Cuánto se le debe a cada proveedor, desde cuándo y con qué se pagó. Hasta ahora no existía ninguna cuenta corriente de proveedor y era estructuralmente imposible tenerla: la tabla de movimientos que ya había exige un emprendedor en cada fila, y mezclar las dos sumaría dos signos opuestos — al emprendedor se le cobra, al proveedor se le debe — devolviendo un número perfectamente creíble que no es el saldo de nadie. El saldo se deriva de los movimientos y no hay ninguna columna que pueda contradecirlos, y las monedas no se suman: dos totales dicen la verdad, uno solo miente y no se nota. El vencimiento tampoco se carga: se deriva de la condición de pago — se escribe «30 días desde la factura» una vez y de ahí salen todos —, y al proveedor sin condición cargada no se le inventa una fecha: su deuda figura aparte, con su importe, porque suponerle treinta días sería inventar un vencimiento que después alguien cita. Un movimiento no se edita ni se borra: un error se corrige con otro movimiento.

Entre que las piezas salen al arenador y que vuelven hay mercadería de clientes en el taller de un tercero, y ningún sistema sabía cuántas. El remito de salida a proceso es lo que lo dice, y además es una obligación fiscal: trasladar mercadería sin respaldo documental es una infracción. La mercadería sigue siendo de PLUR: no es una venta ni una baja de stock, es un cambio de ubicación, así que esto no toca el inventario del pañol. Lo que queda afuera se deriva — enviadas menos lo que volvió — y nunca se guarda en una columna que cada tanda pisa. Rechazada y faltante son dos cosas, aunque para facturar den lo mismo: la rechazada volvió y se rehace acá con la arenadora propia, la faltante no volvió y genera un reclamo al proveedor — con un solo casillero, el conteo de lo que hay afuera suma la que ya volvió, y el dato de cuál era cuál no se puede reconstruir después. Se factura lo que volvió bien: ni la rechazada ni la faltante se pagan.

Lo que hay que pagar y lo que hay que empujar. Reemplaza al Excel de pasivos, que es un calendario rodante de cinco semanas con 47 compromisos y cinco naturalezas mezcladas — sueldos, proveedores, gastos fijos, impuestos y la habilitación —: juntas están bien para pagar, que es lo que se mira el jueves, y mal para todo lo demás, porque así no se puede contestar cuánto cuesta la estructura fija por mes ni cuánto se le debe a proveedores. Son dos cosas y no una: una obligación vence, se cumple y vuelve a vencer; un trámite no vence, avanza — la habilitación tiene planos, presentaciones, obras e inspecciones, y lo que importa es en qué etapa está y hace cuánto que no se mueve. El vencimiento no se carga: se deriva de la periodicidad — se escribe «mensual, día 20» una vez y no se vuelve a cargar —, y lo que se guarda es que se cumplió, con su comprobante: eso es el legajo que se pide en una inspección y que hoy está en carpetas. El aviso va con anticipación y no el día del vencimiento, con el plazo que declare cada obligación: una declaración jurada no se resuelve en la mañana.

Todas las fechas del sistema en un solo lugar. No guarda ninguna, y ésa es la decisión de fondo: de las 24 fuentes de fecha que hay en el sistema, 17 ya existían — los cierres de mes de fábrica (de los que salen el bono, la promo, el kit y el ciclo comercial), la vigencia de la lista de precios, las seis paritarias UOM ya firmadas, y diez vencimientos que se calculan solos —, así que el trabajo grande no era cargarlas sino juntarlas. Un calendario donde se carguen todas serían dos verdades sobre el cierre de agosto, y el día que difieran ninguna pantalla podría decir cuál tiene razón. Cada renglón dice de dónde sale — la eligió una persona, la calcula el sistema, o se cargó a mano en su módulo — porque las tres se ven idénticas y una vale más que la otra. Y el aviso va con anticipación, con el plazo de cada renglón: una paritaria se mira con un mes, un pago con tres días. Acá adentro está además el piso anual del contrato con Raíces, que hoy no lo mide nadie y es la única fecha que puede costar un contrato.

Cómo está configurado el sistema hoy, y quién lo dejó así. Los quince parámetros globales viven repartidos en ocho pestañas, cada uno al lado de lo que gobierna — el interés en Catálogo porque ahí se ve el precio que arma, el tope de ANSES en Convenio porque ahí está la escala que topea —, y acá se miran juntos. Los que lo permiten se editan desde acá, pero ninguno se guarda en esta pantalla: el botón manda al mismo lugar que la pestaña del módulo, con la misma validación y la misma segunda firma, y cada renglón dice dónde vive y lleva hasta ahí. Los feriados se confirman y las zonas de las redes se cargan en su pestaña. Cada valor se lee con el lector de su propio módulo y nunca con una consulta propia, porque el lector sabe cosas que la fila no dice: el respaldo del código, la clave vieja de un renombre, la vigencia que deriva el ciclo comercial. Y «sin configurar» no es lo mismo que «no se pudo leer»: lo primero suele ser una decisión — acá varios nacen vacíos a propósito, porque un número que sale de la nada se lee igual que uno pensado — y lo segundo es una fuente caída, casi siempre una migración que todavía no se pegó.

¿Alcanza la plata de acá a fin de mes? Es la pregunta que se hacía abriendo tres pantallas: el saldo de las ocho cuentas por un lado, los vencimientos por otro y la deuda de los emprendedores por un tercero. Acá están juntas, y no se guarda ningún número: el saldo se deriva de los movimientos confirmados, el vencimiento se deriva de la periodicidad y la cuota sale del plan del banco — una copia acá serían dos verdades sobre la misma plata. Lo que nos deben no entra en la proyección, y es la decisión de fondo: la cuenta corriente es de saldo arrastrado y no tiene ninguna fecha de pago comprometida, así que ponerla en un día sería inventar cuándo entra — va al lado, con su antigüedad. Por eso la curva solo baja, y lo que se cuenta no son días en rojo sino compromisos sin fondos. Lo que vence y no dice cuánto no resta, así que se nombra aparte: sin ese aviso, cuanto más incompleta está la carga mejor se ve la proyección. Y las dos monedas no se suman: lo que está en dólares se nombra y queda afuera de la cuenta.

El registro del reparto propio. Hoy vive en un Excel y solo se anota cuando el día es grande: lo registrado es menos de un tercio de lo que pasa, y un registro parcial no da un número más chico — da un número que no significa nada, porque los días que no se anotan son justamente los distintos. Son tres niveles y está medido: 311 tareas en 152 paradas reales (2,05 por parada), así que con dos niveles el sistema contaría el doble de destinos de los que hay; y el 60 % va a una sola dirección, o sea que lo que ahorra tiempo es consolidar y no optimizar el orden. Las cajas son un número y el tipo una lista cerrada — en la planilla es una sola columna, con 206 números conviviendo con GARANTIA y FALTANTE, y por eso no se puede ni sumar ni contar. La ventana horaria entra desde el día uno: ya se usa en 151 de 311 filas. El rastro no está acá, y es a propósito: lo tiene el GPS de la camioneta, que es donde corresponde. Lo que la app aporta es qué pasó adentro de la parada.

El cliente directo de punta a punta: el que entra por plur.ar, habla con el bot, acepta el presupuesto y al que PLUR le retira y le entrega con la camioneta. Cuando el cliente toca «Aceptar presupuesto» la orden nace sola a nombre de X y entra a la bandeja «Sin día» de Reparto; acá se ve en qué paso está cada uno. No guarda nada: la etapa sale del presupuesto, la orden, el recorrido y el lote, y cada botón es el mismo que ya existe en su pestaña. Lo que aparece como «Aceptó · falta la orden» es lo que la orden automática no pudo crear: el botón dice por qué.

Quién dejó de mandar y quién nunca arrancó, para que la oficina de cada red llame. Cuenta el lote recibido en la fábrica, no la carátula: una carátula que nunca viajó no es un envío. El umbral sigue el ritmo de cada uno, porque quien manda cada dos semanas y lleva seis es una alarma y quien manda cada dos meses no. No guarda nada: todo sale de los lotes y del padrón.

Lo que hay que hacer y no se deduce de ningún dato: llamar al contador, armar el explicativo, juntar los gastos fijos. Lo que el sistema ya sabe — un pago esperando aprobación, una partida frenada, una orden sin fotos — no se escribe acá: aparece solo en Requiere atención y se apaga cuando se resuelve. Escribir una a mano crearía dos verdades, la lista diciendo pendiente y el sistema diciendo hecho. Son cinco estados y no dos: sin bloqueada no se distingue «nadie la empezó» de «espera a un tercero», y la lista miente sobre cuánto trabajo hay. Se cancela con un motivo, no se borra — si no, la lista solo crece. Lo que ordena es la fecha límite; la prioridad desempata. Y las recurrentes se declaran una vez: al marcarlas hechas nace la siguiente con su fecha.

Los televisores colgados en la pared. Acá no se mira ningún tablero: se administran los aparatos. Dar de alta una pantalla es emitir una credencial que no vence y que queda a la vista de todo el que pase, así que es dato maestro — como el alta de una máquina — y no la operación de todos los días. La pantalla solo muestra (D-160): no tiene con qué escribir, el poder sigue en la oficina de Paso del Rey. El código se ve una sola vez al vincularla: el sistema guarda su huella y no el código, así que si se pierde se emite uno nuevo y el anterior deja de servir. Y el modo de falla de un televisor es MUDO — sigue dibujando lo último que recibió y desde el taller se ve igual que uno al día —, por eso la columna de estado dice cuál está pidiendo el tablero y cuál se quedó callada.

Todo lo que se mantiene y todo lo que frena el trabajo: las máquinas (eléctricas y manuales), las herramientas, las instalaciones de aire, electricidad, agua y gas, y el edificio. Son subáreas de una misma lista y no cuatro pantallas: el compresor, el balancín y el portón se rompen y paran la producción exactamente igual, y separarlos haría que ningún número se pueda sumar. Lo que vence no es una parada: el matafuego, la puesta a tierra y la habilitación de gas no se rompen — se vencen — y por eso tienen su propia lista. Si algo para, no siempre para una sola cosa: el compresor alimenta las cabinas de pintura y el arenado, así que su parada frena dos áreas, y eso es lo que la ficha de cada activo declara. Las herramientas prestadas se anotan acá: cada una que no volvió es una que el pañol cuenta como presente y no está.

Cuánto rinde la planta, que es lo único que el sistema no sabía decir: ya explicaba por qué se demora — paradas con su causa, piezas que vuelven atrás, entregas fuera de fecha — y no tenía con qué comparar. No se publica un OEE de tres patas: el OEE es un producto, así que una pata que falta no se puede dejar afuera — multiplicarla por 1 afirma que está perfecta y el resultado sale más alto que la realidad sin que nada falle. Acá salen las que se pueden medir, con su nombre. La disponibilidad necesita un denominador que nadie declaró: cuántas horas por semana se espera que cada máquina trabaje no existía en ninguna tabla, y un denominador inventado no falla — devuelve un número que se lee igual que uno medido y manda a arreglar lo que anda. Por eso nace vacío y la pantalla dice qué máquinas le faltan, nombradas. La calidad se mide entera y sin declarar nada, sobre las partidas ya cerradas: una partida abierta hace tres días todavía no tuvo tiempo de fallar, y metida en el promedio la pantalla se vería mejor cuanto más trabajo hay en curso.

El legajo de los que trabajan en relación de dependencia. Reemplaza tres listas que hoy no coinciden — la planilla de sueldos, el archivo de DNI y la de faltas —, y como ninguna de las tres manda, hoy no se puede contestar «¿cuántos empleados hay?» sin abrir tres archivos y compararlos a mano. La antigüedad y los días de vacaciones no se cargan: se derivan de la fecha de ingreso, así que no puede haber un número que contradiga a la fecha que lo explica. Lo que falta se agrupa por lo que bloquea y no por columna: el DNI que falta traba el alta, el Instagram no traba nada — es lo que permite que la lista llegue a cero. El encuadre del convenio es un historial con fecha y no un campo: si fuera un campo, una promoción de septiembre le recalcularía el sueldo hacia atrás todo el año. Los socios no están acá: un retiro de socio no es un sueldo, y mezclados ningún total sirve para ninguna de las dos cosas.

Cómo se calcula lo que cobra cada uno, con sus parámetros. Las horas extra se autorizan antes de entrar al recibo — el reloj propone y una persona confirma, y queda escrito lo que proponía al lado de lo autorizado —; las faltas declaran por separado si pagan el día y si hacen perder el presentismo, porque un solo campo «justificada sí/no» no puede expresar esa regla. La escala del convenio se carga a mano del acta y entra sin verificar: el sistema se niega a liquidar hasta que alguien la confirme, porque un básico sembrado y uno confirmado se ven idénticos en una tabla. Cada concepto del recibo es una fila con su vigencia y no una columna, así una paritaria nueva no es una migración. El recibo se anula con razón, no se edita. Está separada de Legajos a propósito: cargar el DNI de alguien y emitirle un recibo no son la misma tarea.

Son tres incentivos distintos y no se mezclan. El bono por volumen es de la distribuidora y se suma a su 10%: es mensual, el escalón sale del GRUPO — las redes A y M suman juntas, porque medidas por separado ninguna llegaría al primero — y el importe se liquida por separado en la cuenta de cada una, sobre su propia comisión y nunca sobre la facturación (leído literal daría diez veces más). La promo trimestral y el kit son del emprendedor y van por campaña declarada, con la misma condición: hay que despachar el mínimo todos los meses, y un mes flojo pierde el trimestre entero. La diferencia entre los dos es qué se gana: la promo paga en cada campaña el nivel alcanzado, y el kit entrega un solo nivel por campaña y cada uno una sola vez — por eso la tabla dice cuáles le quedan pendientes. Cerrar congela el número y recién ahí acredita el movimiento.

La cuenta corriente de cada emprendedor. El saldo no se carga: se calcula sumando los movimientos, así que no puede quedar desincronizado de las filas que lo explican. Un movimiento no se edita ni se borra — si está mal, se corrige con una nota de crédito. Positivo = nos debe · negativo = tiene saldo a favor.

Lo que el emprendedor pidió desde su portal. Se arman, se meten en la caja del lote que sale y ahí se facturan — aparte de la restauración. Armar y facturar son un solo botón: es un solo acto y un estado intermedio que nadie mueve termina mintiendo. El lote con el que viaja se propone al abrir la lista y se congela recién al facturar.

Dónde está la plata de PLUR — una fila por cada una de las cuentas que hoy son ocho planillas de Excel. No confundir con Cuentas corrientes, que es lo que cada emprendedor nos debe. El saldo no se carga: se calcula sumando los movimientos, y un movimiento no se edita ni se borra: si está mal, se corrige con otro. Una transferencia entre cuentas se carga una sola vez y el sistema escribe las dos puntas — en la planilla se escribe dos veces, y si una mitad se olvida los dos saldos mienten al mismo tiempo. Lo que entra por archivo o foto queda como propuesta y no suma al saldo hasta que una persona lo confirma: un importe mal leído no da error, da un saldo.

Los pagos que declara el emprendedor con su comprobante, y los que recibe la oficina en la mano y carga acá. Un pago no toca la cuenta hasta que se aprueba: recién ahí se asienta y le baja la deuda — lo cargue quien lo cargue, también el que lo recibió. El rechazo pide el motivo, porque del otro lado hay alguien que tiene que entender qué corregir.

Cada emprendedor cobra con su QR de Mercado Pago y el cliente paga el precio de lista en 3 cuotas. En la cuenta corriente se le acredita el precio de contado, porque la diferencia es lo que cuesta financiar esas cuotas — el contado sale de dividir lo cobrado por el interés, nunca de restarle el porcentaje. Así que una misma operación tiene tres números, y hasta acá no había ninguna pantalla donde se vieran juntos: lo que pagó el cliente, lo que se le acreditó al emprendedor y lo que depositó Mercado Pago. La diferencia entre las dos últimas se muestra, no se cuadra a cero: no es un descuadre, es el resultado de financiar, y es plata que PLUR gana o pierde en cada cobro. Acá no se decide nada: el pago se aprueba en Pagos y aprobaciones y el depósito se ata al movimiento del extracto en Cuentas y caja.

Cuando el emprendedor abre la caja que le devolvimos y falta algo o llegó dañado, lo reclama desde su app. Antes era un mail que se perdía: acá están todos, con el hilo de lo que se habló y en qué estado quedó cada uno. Lo abre él; la oficina lo toma, contesta y lo cierra diciendo qué se hizo.

Lo que le pedimos a un proveedor. Se genera la orden de compra, se hace el pedido, y cuando llega la mercadería el pañol la registra desde Stock —la recepción no vive acá— y Administración le pone el costo y confirma: hasta ese segundo paso el stock no se movió. Si lo que llegó no sirve, se abre un rechazo al proveedor, con fotos y con el hilo de lo que se habló.

La fabricación de Glase y el padrón de garantías. Cada caja sale de la fábrica con su número de serie impreso en la etiqueta, y el comprador que escanea el QR y registra su producto lleva la garantía de 6 a 12 meses. La orden de producción declara cuántas se pusieron a fabricar y cuántas salieron mal —lo bueno se deriva de la resta, nunca se carga— y la receta dice qué materia prima lleva cada unidad. El padrón de garantías dice quién registró qué, cuándo lo compró y quién se lo vendió. No es la garantía de una pieza restaurada —ésa vive en su pestaña y cuelga del emprendedor—: acá la población es el comprador final, que no tiene ni orden ni lote.

Los reclamos de piezas restauradas que abren los emprendedores. La restauración lleva 12 meses de garantía y está escrito en el presupuesto que recibe el cliente. Hay dos caminos y se nota cuál es cuál: la verificada sale de una pieza del sistema y trae la orden, la fecha exacta de entrega y las tres fotos de cuando se retiró; la declarada es un trabajo anterior al sistema —más de 5000 piezas hechas a mano— y ahí si corre o no lo decide la oficina. Primero lo que espera una decisión, y dentro de eso primero las declaradas.

Acá se anota con qué comprobante quedó facturada cada factura interna. No se emite nada contra ARCA: la oficina factura desde el sistema que ya usa y esto deja la constancia. El negocio sigue funcionando con la factura interna — anotar no mueve un estado, no toca un saldo ni recalcula una comisión. El total fiscal puede diferir del interno: eso es información, no un error.

Los manuales de cada puesto y los procedimientos paso a paso, con la versión y la fecha de emisión. Solo aparecen las tareas de las pantallas que ya tenés habilitadas. «Hacelo conmigo» te señala cada botón sobre la pantalla real y no aprieta nada por vos.

Dos cosas distintas y ninguna reemplaza a la otra. Lo que nos reportan son los problemas que una persona notó: un precio que no cierra, una etiqueta confusa, un botón que no está donde debería — nada de eso tira un error, solo alguien lo ve. Los errores de la app se mandan solos cuando el JavaScript explota, y son los que nadie reporta: la pantalla no hace nada y cada uno asume que es su teléfono. Mirá siempre la columna Versión: si es vieja, no hay un bug — esa persona tiene el archivo cacheado.

Todo lo que el sistema le avisó a alguien, y a quién le llega cada cosa. Son dos preguntas distintas: Todas contesta «¿se le avisó?» sobre cualquier persona — es una auditoría, no una bandeja, y por eso muestra las de la oficina y las de los emprendedores juntas. Quién recibe qué no decide lo que alguien VE, sino lo que le LLEGA: el ruteo lo sigue poniendo el sistema (un aviso de pago va solo a quien puede aprobarlo), y acá se apaga lo que esa persona no quiere recibir. Todo nace tildado y un área nueva aparece sola en esta lista: destildar quita, tildar no agrega.

Qué cambió, quién lo cambió y qué decía antes. Hasta acá el registro guardaba que algo había cambiado y nunca qué, así que no había forma de contestar «¿qué decía este CBU antes de que alguien lo cambiara?» — y el portal del emprendedor pisa el CBU, el alias, el DNI y el CUIT sin login. Ahora cada edición guarda el valor viejo y el nuevo, solo de los campos que de verdad cambiaron. Es de solo lectura: un registro que se puede editar deja de ser auditoría. Lo ve únicamente Administración, porque acá adentro quedan escritos datos que en el resto de la app se filtran por red y este registro no tiene red.

Las operaciones que no se ejecutan con una sola firma. En el negocio ya hay dos firmas — la de Luciano y la de la oficina —; esto es el mecanismo en el sistema. La operación no pasa hasta que firman los dos: el pedido queda guardado entero y recién al aprobarse se ejecuta. La segunda firma tiene que ser otra persona, comparada por su correo — la cuenta de Administración se llama igual para todos, así que por nombre dos firmas quedarían idénticas. Una solicitud vence, y rechazarla pide una razón: del otro lado hay alguien que pedía esto y tiene que poder saber por qué no.

El documento normativo: el instructivo, la lista de precios, el acta paritaria, la plantilla. Es lo que no cuelga de nadie —rige para todos— y que hasta acá vivía en el repositorio, en un correo o en un Drive: tres lugares donde nadie puede contestar cuál es la versión que rige hoy. Subir una versión nueva no pisa la anterior: la vieja queda como histórico consultable, porque una carátula de agosto se cotizó con la lista de agosto. La vigencia se calcula al leer, así que el documento vencido lo dice solo en vez de quedar igual que el que rige. Los archivos que sí cuelgan de una entidad —el DNI de un emprendedor, la factura de una partida— siguen en su ficha y acá no entran.

Qué hay guardado en el almacenamiento y qué dice la base que hay. Se compara en las dos direcciones, y no valen lo mismo: lo que la base dice que existe y en el almacenamiento no está es una pérdida real —la ficha dibuja el botón y al tocarlo no aparece—, y por eso va primero; lo huérfano ocupa lugar y no rompe nada. Sirve además para la mudanza: copiar el bucket es la parte fácil, verificar que se copió todo es imposible sin un inventario contra el cual comparar. Acá no se borra nada, y no es que falte el botón: borrar automáticamente lo que un detector llama huérfano es la forma en que se pierde un archivo que sí importaba, y lo borrado no vuelve.

Usuarios habilitados en app.plur.ar. Acá definís el rol, el alcance (redes y leads) y qué pestañas del menú ve cada uno. Ojo: esto son los permisos adentro de la app. Para que una persona pueda entrar, su Gmail también tiene que estar habilitado en Cloudflare Access (el login con verificación en dos pasos).